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Saint Luke, Escuela de Medicina

La medicina en el futuro

La medicina en el futuro

¿Cómo serán las consultas a pacientes en unos años? ¿Cómo se recetarán y administrarán los fármacos en cada individuo? ¿Cómo incide la tecnología en la relación médico – paciente?

Hoy en día, los cambios y avances, particularmente en las áreas de nuevas tecnologías, se suceden a una velocidad vertiginosa. Ante esta realidad, el sector de la salud no puede ni debe quedarse atrás. Si bien la medicina es una de las ciencias más antiguas conocidas, su quehacer avanza a la par con la investigación y la tecnología y su campo se alimenta día con día con avances que le permiten plantear nuevas teorías y metodologías, así como reconsiderar otras tantas que había utilizado en el pasado.

Saint Luke va de la mano con los planteamientos y planes de estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ambas instituciones contemplan la relevancia de mantenerse al día respecto a todas estas innovaciones, conscientes de cómo inciden en las prácticas y conocimientos médicos. Justamente, en su Plan de Estudios 2010, la UNAM dedica un apartado a estos temas, titulado “Características actuales y tendencias futuras en medicina”, en donde se analizan varias de las posibilidades que se están desarrollando actualmente, así como las nuevas vertientes de la tecnología médica y sus aplicaciones en un futuro cercano.

Un ejemplo es el avance en tecnología y redes de la comunicación, que actualmente permite a los pacientes acceder a un mar de información. El problema es que, si bien esto puede resultar útil para disipar dudas y ampliar el entendimiento de sus padecimientos, la mayoría de las veces la información no está seriamente respaldada, es tendenciosa hacia el consumo de ciertos productos y tratamientos, o simplemente se dedica a desprestigiar ramas de la medicina tradicional.

Frente a este panorama, los médicos y estudiantes de medicina tienen el compromiso de estar preparados para responder y atender en distintos paneles de discusión fuera del consultorio o los seminarios tradicionales, y de mantenerse vigentes respecto a los avances e investigaciones serias e institucionalizadas que les competen. Para esto, existen varias herramientas, por ejemplo, la tecnología informática que, unida a las telecomunicaciones, permite al médico recabar información y datos de los pacientes, realizar interconsultas con expertos, utilizar el expediente electrónico, recibir cursos de educación médica continua, y consultar bases de datos y bibliografía médica.

Esto nos lleva a reevaluar y revalorar las formas de comunicación de los médicos y las instituciones con los pacientes. La consulta, el diagnóstico y los tratamientos requieren nuevos métodos y exigen cada vez más el uso de las innovaciones en todas las áreas del conocimiento médico. En principio, exigen a considerar a cada paciente como individuo con necesidades particulares y ya no más como muestra de un caso general o tipificado.

Por ejemplo, gracias a los avances en farmacología, actualmente se puede predecir el posible efecto de los fármacos en función de los genes del paciente. La farmacología del futuro –unida a la farmacogenómica- producirá medicamentos bajo diseño e incorporará una serie de biomoléculas y nanomateriales al arsenal terapéutico; incluso, se podrán diseñar fármacos para las necesidades específicas de una persona, lo cual requerirá articular la genómica, la bioinformática y la biotecnología. Además, la nanotecnología permitirá novedosas formas de administrar los fármacos transportándolos y liberándolos dónde y cuándo se requieran.

Claramente, las tendencias futuras de las disciplinas que conforman la medicina general, se orientan hacia la elevación de la calidad en la atención y la seguridad del paciente. Esto también implica establecer respuestas sistémicas del sector salud, y no sólo de quienes brindan la atención a los pacientes. Hoy más que nunca, galenos e instituciones deben prestar particular atención a la relación, trato y cuidado que se brindan a sus pacientes, por lo que, de acuerdo con la UNAM, dicha atención debería incluir las siguientes condiciones mínimas:

Ser EFECTIVA: es decir, proporcionar servicios basados en la mejor evidencia científica disponible, incrementando los beneficios para el paciente, evitando riesgos y perjuicios.

• Estar CENTRADA EN EL PACIENTE: brindarle una atención médica responsable y respetuosa de sus creencias, necesidades y preferencias; asegurándose de que los valores del paciente y su aceptación guíen todo el proceso de decisiones clínicas.

• Ser OPORTUNA: deben evitarse, en la medida de lo posible, la espera y los retrasos dañinos para la salud del paciente y para el personal de salud.

• Ser EFICIENTE: evitar el desperdicio de insumos, medicamentos, medios de diagnóstico, equipo y tiempo del personal de salud.

• Ser EQUITATIVA: proporcionar una atención sin variar su calidad por causa del género, edad, preferencia sexual, grupo étnico, localización geográfica o nivel socioeconómico.

Una atención de calidad debe evitar riesgos innecesarios al paciente, prevenir y reducir significativamente reacciones adversas, así como garantizar una respuesta oportuna y apropiada frente a las posibles complicaciones. Además, requiere del médico que sea eficiente y esté actualizado, de acuerdo con todos los avances antes mencionados; avances que le ayudarán a desarrollar la capacidad para realizar procedimientos, trabajar en equipo, sustentar las acciones con la mejor evidencia científica, mantener una comunicación adecuada con el paciente y prevenir errores eliminando sistemáticamente sus causas.

Al final del día, es claro que la relación médico – paciente, al igual que la de institución – paciente; han venido retroalimentándose de unos años a la fecha gracias al uso de nuevas tecnologías. El exceso de información y de herramientas de acceso a ésta, exigen especialistas mejor preparados, con mayor atención y sensibilidad en el cuidado del paciente.


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