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Saint Luke, Escuela de Medicina

Los fantasmas de la rabia humana

Los fantasmas de la rabia humana

La rabia es una de las enfermedades más antiguas de la humanidad. Se caracteriza por la agresividad de sus efectos: fobia al agua y a la luz, comportamientos violentos y afectaciones en el cerebro. Etimológicamente, la palabra proviene del sánscrito “Rabhas” que significa agredir; y la primera descripción de la enfermedad data del XXIII a. C.  Antes de que hubiera esperanza para los enfermos transcurrieron milenios pues la creación de una vacuna se logró hasta el siglo XIX d. C. Es por ello que esta enfermedad estuvo rodeada de mitos sobre su origen y sus posibles curas.

La primera descripción de la rabia apareció en Babilonia en el Código Eshuma 4000 años atrás y fue retomada en varios textos posteriores. En La Iliada (texto escrito aproximadamente en el VII o VI a.C.) Homero menciona que “Sirius”, la constelación de perro de Orión, ejerce una influencia maligna sobre la humanidad. Más adelante, tras la observación detallada de la enfermedad, los griegos determinaron que era provocada por un veneno en la saliva de ciertos animales. Se usó el término “virus” (que significa veneno en latín) para designar al material en la saliva que causa la enfermedad.

Uno de los primeros mitos respecto a la rabia se dio a causa de los griegos Plinio y Ovidio. Ellos afirmaban que en la lengua de los animales habitaba un gusano causante de la enfermedad, y recomendaban extirparles un pliegue de la lengua como medida preventiva. Este mito se mantuvo vigente hasta tiempos de Louis Pasteur.

Hacia el siglo I, entre los romanos era común que la mordedura de un animal rabioso se cauterizara con hierro caliente y el afectado bebiera vino, pues este último se consideraba un antídoto contra varios venenos. Entre los egipcios se creía que la causa de la rabia era una posesión demoníaca por lo que para curarla se invocaba a San Taraba.

El primer texto médico sobre la rabia, el Sucrutasamitá, surgió en la India en el siglo I. En este y otros textos se demuestra que era una enfermedad bastante estudiada por ser un problema importante para la salud pública.

Durante la Edad Media, San Humberto fue el protector contra la rabia, y como medida precautoria aplicaba hierro caliente en los perros mordidos por otros animales rabiosos; a este método se le conoció como las llaves de Humberto. Lo anterior era respecto a los perros, pero San Humberto también ayudaba a curar a los hombres. Los sacerdotes desprendían hilos de la estola del santo y la introducían bajo la piel de los infectados; se creía que esto ayudaba a la curación. No existe evidencia de que esto funcionara, pero fue una creencia muy extendida hasta el siglo IX.

Los brotes periódicos de rabia comenzaron con el crecimiento poblacional cerca del siglo XI. En 1271 se dio el primer gran brote en Francia a causa de una jauría de lobos; este tipo de brotes fueron comunes hasta que en 1752 en Londres fue ordenado el sacrificio de todos los perros callejeros; de hecho la orden incluyó recompensa por cada animal muerto. Esto ocasionó una masacre: en un sólo día se sacrificaron hasta 900 perros. En 1779 se prohibió que las personas de escasos recursos tuvieran perros.

En el siglo XVII se publicó un manual llamado Los remedios caritativos de la Señora Fouquet. En dicho texto, la receta para curar la rabia eran baños de mar Mediterráneo durante los 9 días posteriores al ataque del animal rabioso.

En ese mismo siglo se popularizó la figura del vampiro, mito que se nutrió de la sintomatología de la rabia. Los transmisores más conocidos de la rabia son los perros, pero sus principales portadores son los murciélagos. Algunos de los síntomas de la enfermedad en los humanos son la pérdida del apetito, la ansiedad, el insomnio, la fotofobia o miedo a la luz, las alucinaciones y las pesadillas. Además, debido a frecuentes espasmos musculares en la cara, faringe y laringe los enfermos emiten sonidos roncos y tienen una retracción de los labios, de manera que los dientes asoman como ocurre con algunas bestias. Dado que algunas personas eran enterradas vivas, al exhumarlas hallaban rastros de actividad posterior dentro de la tumba. Si bien, la figura del vampiro no se nutrió únicamente de la rabia, si fue un abrevadero para la imaginación de las personas de aquellos siglos.

A causa de mitos como el anterior, para inicios del siglo XIX se tenía por costumbre sacrificar a los enfermos de rabia a fin de evitar la propagación. En Francia en 1810, para frenar los homicidios por esta causa se decretó una ley en la cual se prohibía, bajo pena de muerte, estrangular, asfixiar, desangrar o causar la muerte de cualquier manera a las personas atacadas por cualquier variante de la rabia. La ley francesa mencionaba que únicamente la policía y la familia de los infectados podían decidir sobre la víctima.

A mediados del siglo XIX la rabia dejó de ser signo de muerte inminente gracias a los descubrimientos de Pasteur, quien descubrió que la rabia no podía adquirirse de manera espontánea, sino que sólo se da por contagio. También descubrió que la enfermedad ataca al sistema nervioso central, e infectó directamente a perros callejeros para poder experimentar con ellos. Pasteur fue el primero en tratar con éxito un caso de infección de rabia en un humano salvando a Joseph Meister de 10 años de edad. Meister permaneció posteriormente como trabajador del instituto Pasteur, hasta que 55 años más tarde se suicidó durante una invasión nazi a fin de no ser obligado a abrir la cripta donde estaba enterrado Pasteur.

Pese a los avances de la ciencia médica y la existencia de la vacuna creada por Pasteur, hasta mediados del siglo XX existieron “los saludadores”, personas que decían tener el don de curar la rabia a través de su saliva. Se tiene constancia de su existencia desde aproximadamente el siglo XV y hubo poblaciones en las que la iglesia los acogió pese a su rígido rechazo a este tipo de prácticas paganas, pues decían ser capaces de curar al ganado y a las personas.

La rabia sigue presentándose sobre todo en Asia, África, y otros países en desarrollo. Por ejemplo en América del sur se reportaron 22 casos de rabia humana en el 2008. Al ser una enfermedad tan antigua como la humanidad ha sido parte de grandes mitos; que aún a la fecha sobreviven en poblaciones rurales.


Fuentes:

López Llamas, Leonardo, and Eduardo Orozco Plascencia. "Rabia: Infección Viral Del Sistema Nervioso Central". Revista Mexicana De Neurociencia, vol 10, no. 3, 2009, pp. 212-219. http://www.medigraphic.com/pdfs/revmexneu/rmn-2009/rmn093g.pdf.

Schneider, Maria Cristina, and Carlos Santos-Burgoa. "Tratamiento Contra La Rabia Humana: un poco de su Historia". Revista De Saúde Pública, vol 28, no. 6, 1994, pp. 454-463. Fapunifesp (Scielo), doi:10.1590/s0034-89101994000600010.


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