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Saint Luke, Escuela de Medicina

La donación de sangre en México y el mundo

La donación de sangre en México y el mundo

En días recientes, el Comité Estudiantil de Saint Luke, Escuela de Medicina realizó una campaña de donación altruista de sangre, en conjunto con la Asociación Dona en Vida y el Instituto Nacional de Pediatría (INP). A raíz de este evento, quedó patente la importancia de la donación altruista, pero, ¿qué más se sabe acerca de este tema, en términos de salud mundial? Indudablemente, la información y el conocimiento conducen a prácticas positivas y es necesario ahondar en los datos más relevantes al respecto, de acuerdo con las bases de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La transfusión sanguínea tiene un papel muy importante en la medicina moderna y, por ende, los bancos de sangre tienen gran responsabilidad con la comunidad, misma que demanda se le proporcionen componentes sanguíneos seguros a todos los pacientes que ameriten ser transfundidos; esto implica cumplir con eficacia con la disponibilidad del producto, la metodología de producción, el control del abasto y en la toma de decisiones para la terapia transfusional. Para lograr su cometido, en México, los bancos de sangre tienen como propósito implementar un sistema de gestión de calidad fundamentado en ISO 9001-2000, para promover estándares elevados de calidad. Esta estrategia les brinda un marco de referencia, dentro del cual, las actividades del banco de sangre pueden ser establecidas, documentadas y monitoreadas continuamente para corregir y prevenir inconformidades y con ello mejorar de forma continua sus resultados.

Y es que, en general, sabemos que las transfusiones de sangre salvan vidas y mejoran la salud, pero en el resto del mundo, muchos pacientes que necesitan transfusiones no tienen acceso a sangre segura cuando la necesitan. Debido a esto, la OMS recomienda que los países cuenten con una organización eficaz y redes de suministro integradas para coordinar a nivel nacional todas las actividades relacionadas con la extracción, verificación, tratamiento, almacenamiento y distribución de sangre; como las que se cumplen en nuestro país.

Existen marcadas diferencias en el nivel de acceso a la sangre entre los países de ingresos altos y los de ingresos bajos y resulta necesario revisar cifras al respecto: en el mundo se recogen alrededor de 112,5 millones de unidades de sangre, más de la mitad de ellas en los países de altos ingresos, en los que vive el 19% de la población mundial; lo cual significa que la otra mitad de las recolecciones, debe distribuirse entre el 81% de la población restante; la cual –además- es de bajos ingresos.

Otro tema relevante es la diferencia entre donadores altruistas o no remunerados y los que sí reciben un beneficio por su donativo o los que donan en una ocasión única por estar relacionados con un paciente que lo requiere. De cualquier forma, entre 2008 y 2013 se registró un aumento de 10,7 millones en las unidades de sangre donadas por donantes voluntarios no remunerados. En 74 países, este grupo de donantes suministró más del 90% de las unidades de sangre; sin embargo, en 72 países más del 50% del suministro de sangre lo aportaron familiares o allegados o donantes remunerados.

La sangre recogida en bolsas con anticoagulante se puede almacenar y transfundir a pacientes sin someterla a ninguna modificación, lo que constituye una transfusión de sangre completa. También se puede utilizar la sangre separando sus componentes, tales como los concentrados de eritrocitos o de plaquetas, el plasma y el crioprecipitado. Con esta separación, pueden satisfacerse las necesidades de varios pacientes, pero la capacidad de transfundir a los pacientes los diferentes componentes sanguíneos que necesitan todavía es limitada en los países de ingresos bajos.

Respecto al tema del suministro de productos medicinales derivados del plasma, la asamblea Mundial de la Salud insta a los Estados Miembros a establecer, aplicar y apoyar programas de sangre y plasma sostenibles, gestionados eficientemente y coordinados a nivel nacional, de acuerdo con la disponibilidad de recursos y con el fin de alcanzar la autosuficiencia. Con esto en mente, en México se presentó desde el año 2013, en el Senado de la República, una Iniciativa con proyecto de decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la ley general de salud, en materia de seguridad sanguínea, la cual considera necesario “ampliar el concepto de seguridad transfusional para abarcar la seguridad de los donantes de sangre, la disponibilidad, el acceso, la oportunidad, la calidad y la seguridad de los componentes sanguíneos, así como la seguridad del acto transfusional, considerando en la medición no sólo la ausencia de reacciones adversas en pacientes transfundidos sino también el beneficio clínico que las transfusiones proveen”. Estas reformas son las que rigen a cualquier institución, pública o privada, que maneje bancos de sangre y transfusiones sanguíneas.

En otros datos, cabe destacar que la distribución por edades de los pacientes transfundidos varía considerablemente en función del país. Por ejemplo, el grupo de pacientes transfundidos con mayor frecuencia en los países de ingresos altos son los mayores de 65 años, con el 76% del total de transfusiones, mientras que en los países de ingresos bajos los niños menores de 5 años reciben el 65%.

En los países de ingresos altos, la transfusión es una intervención que se realiza habitualmente en cirugía cardiovascular, cirugía de trasplantes, traumatismos masivos y el tratamiento de tumores malignos sólidos y neoplasias sanguíneas. En los países de ingresos bajos y medios, se utiliza más a menudo en casos de complicaciones gestacionales y de anemia infantil grave.

Por lo que, con el fin de garantizar el acceso universal a sangre y a los hemoderivados seguros, la OMS ha promovido diversas estrategias. Las sugerencias varían, pero entre las más importantes se encuentran establecer un sistema nacional de sangre con servicios de transfusión bien organizados y coordinados. Recomienda también utilizar racionalmente la sangre y los hemoderivados, para reducir el número de transfusiones innecesarias y minimizar los riesgos relacionados con la transfusión, la adopción de prácticas clínicas de transfusión seguras e idóneas y aplicar gradualmente sistemas de calidad eficaces, que abarquen los siguientes elementos: gestión de la calidad, normas, buenas prácticas de fabricación, documentación, capacitación de todo el personal y evaluación de la calidad.

Todos estos datos y cifras manifiestan la importancia de la disponibilidad y la seguridad de la sangre. El riesgo de transmisión de infecciones graves debido al uso de sangre no segura y la escasez crónica de muestras en algunos países, han hecho que el mundo entero repare en la necesidad de impulsar campañas, como la que se realizará cada año en las instalaciones de Saint Luke, Escuela de Medicina, y de acatar las normas sugeridas por los organismos internacionales.

Fuentes de los datos: los datos y las cifras que figuran en el presente documento provienen de los informes presentados por 156 países a la base mundial de datos (de la OMS) sobre seguridad de la sangre (BMDSS) en 2013. En conjunto, las respuestas recibidas de los 179 países incluidos representan el 98,6% de la población mundial.
Sitio: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs279/es/
Gaceta médica mexicana: http://new.medigraphic.com/cgi-bin/resumen.cgi?IDARTICULO=15312
Iniciativa con proyecto de decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la ley general de salud, en materia de seguridad sanguínea: http://www.senado.gob.mx/index.php?watch=11&sm=3&id=43275


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