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Saint Luke, Escuela de Medicina

Historia del diagnóstico médico

Historia del diagnóstico médico

¿Cómo inició el diagnóstico médico? ¿Qué circunstancias fueron necesarias para que esta práctica comenzara a hacerse habitual entre los médicos?

El diagnóstico, así como la historia clínica, conforman entre sí uno de los elementos más importantes de la relación entre médico y paciente.

En el momento en que el enfermo se encuentra con el médico, su queja se ubica dentro de un marco teórico y el profesional de la salud debe ser capaz de integrar sus síntomas, signos y documentos paraclínicos, con el objetivo de explicar la causa de la dolencia y las formas de combatirla en sus mismas raíces; es decir, elaborar un diagnóstico. En la historia clínica queda constancia de los pasos que se siguieron para llegar a esa opinión científica. De allí la importancia de llegar a diagnósticos certeros y personalizados, que ayuden no sólo al enfermo en su momento, sino a los profesionales de la salud después, al revisar los antecedentes en la historia clínica, con el objeto de encuadrar el mayor número de datos en forma ordenada y así llegar a conclusiones válidas.

Pero, ¿en qué momento comenzó a diagnosticarse a los pacientes, diferenciando el malestar de cada uno del de otros? ¿Y cómo fue que esta práctica se volvió tan vital dentro de la enseñanza y ejercicio profesional de la Medicina?

Podría decirse que el diagnóstico médico comenzó por no existir. O bien, que en la historia de la humanidad existió una primera etapa en la cual los sanadores no practicaban ante el enfermo la actividad denominada por nosotros como “diagnóstico”. Es decir que, muy probablemente, su historia no comience a la par con la historia de la Medicina, sino que se ubique en un periodo posterior. Seguramente, en un principio, algún tipo de sanador (sacerdote, chamán, brujo, etc.) pretendía ayudar al doliente con las herramientas que tuviera a su alcance, la mayoría de las cuales eran puramente terapéuticas. Al no tener ninguna teoría que lo respaldara, actuaba sin diagnóstico, movido más bien por el instinto. Digamos que fueron sus prácticas las que fueron conduciendo a las teorías.

De esta etapa, se habría pasado, en un período todavía “primitivo”, a las primeras prácticas del diagnóstico, pero imaginemos un momento: posiblemente, los curadores se enfrentaban con dos tipos de dolencias, las evidentes (que tenían que ver con accidentes que evidenciaban el traumatismo) y aquellas en las que el dolor y causa eran internas. Ante estas últimas y de nuevo sin teorías que les explicaran a qué se enfrentaban, se recurrió la mayoría de las veces a explicaciones sobrenaturales.

Así, desde la antigüedad, el médico clínico se fue valiendo de sus sentidos para obtener los datos que le permitan diagnosticar y tratar a sus enfermos: la vista, el oído, el tacto, el olfato y, a veces el gusto, han sido sus herramientas básicas. A través del tiempo y desde el inicio de la práctica médica o sanadora en Occidente, los distintos datos clínicos (signos y síntomas) que los médicos iban descubriendo se agruparon muy lentamente, hasta ser considerados síndromes y posteriormente, enfermedades. De este modo, estos conocimientos llegaron a formar un extenso lenguaje o código de signos, que el aspirante a médico clínico debe aprender para desempeñarse con probabilidades de éxito. Estos conocimientos, obtenidos a través de los sentidos y de la extensión de los mismos, son la base de la Medicina clínica.

Toda esta evolución, llevó a concebir al diagnóstico como el proceso que define pacientes y clasifica sus enfermedades; que identifica su probable destino o pronóstico y que conlleva a tratamientos específicos que los conduzcan a un estado de mayor beneficio que el que ocasionó su malestar, ya que sin un diagnóstico adecuado, el enfermo corre el riesgo de ser expuesto a procedimientos y tratamientos no siempre inocuos.

Volviendo al recuento histórico de la evolución del diagnóstico, habría que aclarar, en principio, que, de acuerdo con varios investigadores, no puede hablarse de diagnóstico en el sentido pleno del término en la Medicina egipcia, babilonia o china, porque para que exista un verdadero diagnóstico tienen que cumplirse tres condiciones: que esté excluido el pensamiento mágico, que el médico aplique un método racional para establecer un diagnóstico y que las enfermedades a las que se llega por el diagnóstico tengan apelaciones específicas. Estas condiciones sólo se dan en la Medicina griega a partir del s. V, con Hipócrates. El médico griego fue de los primeros en documentar el uso de los sentidos a los que nos referíamos anteriormente, sobre todo la vista, para descubrir lo que está oculto, lo que no se ve. Para ello, seguía un procedimiento racional, un método. Para él diagignõskein, diagnosticar, consistía en conocer una enfermedad individual sabiendo distinguirla de las restantes, especialmente de las semejantes a ella.

Por su parte, el origen de las pruebas clínicas como tales, también se remonta a esta época, unos 2.400 años atrás; cuando los médicos observaban el color y el olor de la orina de sus pacientes. Establecer el pronóstico de la evolución de un paciente era una de las actividades fundamentales de los médicos griegos y para ello, tenían que basarse en un diagnóstico, es decir que tenían que ser capaces de determinar cuál era la enfermedad que aquejaba al paciente. El médico debía ser capaz de predecir si el paciente se curaría o moriría, cómo iba a evolucionar, cuántos días podía durar la enfermedad, etc. 

A partir de este periodo histórico, los avances en técnicas de diagnóstico, así como de las pruebas clínicas que los sustenten, no han hecho sino evolucionar y desarrollarse. Desde que se sustentó con marcos teóricos, el diagnóstico ha avanzado a pasos agigantados, de la mano del desarrollo y la investigación médica, científica y tecnológica, áreas que le permiten llegar cada vez a resultados más certeros o precisos.

En el Siglo XX, por ejemplo, los avances en patología aumentaron significativamente nuestra comprensión sobre la relación entre los síntomas que presenta un paciente y las causas y la evolución de una enfermedad. Mientras tanto, los avances en la tecnología de medición nos dan la capacidad de detectar vestigios de sustancias y sustancias poco comunes, y la nueva tecnología óptica, por su parte, nos permite realizar observaciones detalladas dentro del cuerpo del paciente.

Los sistemas para realizar pruebas clínicas también han evolucionado. Los avances tecnológicos en mecatrónica e informática han conducido al desarrollo de sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de pruebas a velocidades cada vez más rápidas. Estos sistemas realizan una contribución vital para el cuidado médico en todo el mundo. También es significativo el surgimiento de productos comerciales, tales como equipo y kits para pruebas que le permiten a la gente realizar pruebas médicas sencillas en su propia casa. Estos productos ofrecen una contribución importante al manejo de la salud y a la detección temprana de enfermedades.

En este punto, es necesario destacar que existen varios tipos de diagnóstico médico:

  • diagnóstico de la enfermedad sintomática (objeto de este escrito),
  • diagnóstico temprano o de la enfermedad asintomática,
  • diagnóstico de la gravedad, de la evolución,
  • diagnóstico del probable pronóstico

Entendiendo por diagnóstico al “conjunto de signos que sirven para fijar el carácter peculiar de una enfermedad y también es la calificación que da el médico a la misma según los signos que advierte” (JFM Ortiz, ‎2006). A su vez, las pruebas clínicas se pueden dividir, de forma general, en dos categorías. En la primera se incluyen las pruebas que obtienen información directamente a partir del cuerpo y que se conocen como “diagnósticos in vivo”; por ejemplo, los electrocardiogramas, la medición de la presión sanguínea, los exámenes endoscópicos y los electroencefalogramas. Pertenecen a la segunda categoría las pruebas que obtienen información de muestras que se toman del cuerpo, como sangre, orina, heces y líquido cerebroespinal. Se las conoce como “diagnósticos in vitro” (IVD, por sus siglas en inglés).

Puede decirse entonces, que en todo diagnóstico exacto se concentra, como en un reflector, la luz de muchos siglos de investigación encaminada a iluminar el destino de un hombre y aligerarlo de la causa de sus males. Diagnóstico y tratamiento son los dos actos esenciales de la práctica médica. Un diagnóstico correcto e integral es la condición indispensable de la terapéutica racional y eficaz, fin supremo de la Medicina.

Fuentes:

Guzmán, Fernando, Arias, Carlos Alberto, La historia clínica: elemento fundamental del acto médico: http://www.scielo.org.co/pdf/rcci/v27n1/v27n1a2.pdf

Mézquita Ortiz, José Francisco, El arte del diagnóstico, en Medicina Interna de México Volumen 22, Núm. 3, mayo-junio, 2006: http://www.medigraphic.com/pdfs/medintmex/mim-2006/mim063l.pdf

Laín Entralgo, Pedro, Los orígenes del diagnóstico médico, http://www.raco.cat/index.php/Dynamis/article/viewFile/106159/149274


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