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Saint Luke, Escuela de Medicina

SÉ RESPONSABLE Y DI ¡NO A LA AUTOMEDICACIÓN!

SÉ RESPONSABLE Y DI ¡NO A LA AUTOMEDICACIÓN!

La automedicación puede tener efectos adversos en nuestra salud. La gran cantidad de información disponible, por ejemplo en Internet, no debe sustituir la visita a un facultativo, quien tiene el conocimiento para detectar contraindicaciones, efectos adversos y uso correcto de los medicamentos de acuerdo con la situación de cada paciente. 

En México, como en el mundo la automedicación es un problema importante que va tomando cada vez más fuerza, por ello es importante definir éste término frecuentemente utilizado, como el uso de medicamentos sin receta, por iniciativa propia de las personas, y que en muchas ocasiones puede ser confundido y justificado por los pacientes con un término denominado “autocuidado”. El autocuidado se define como aquellas actividades que puede realizar un paciente, sin la asistencia de un profesional de la salud, que incluye la prevención de problemas de salud a partir de realizar una dieta adecuada, realizar ejercicio físico, evitar el consumo de tabaco y drogas, y consumo moderado de alcohol. Como vemos no hay tal relación. ¿Verdad?

Como habíamos mencionado anteriormente, en México esta situación se encuentra fuera de control debido a que el uso de medicamentos está muy poco regulado, las farmacias venden todo tipo de medicinas sin requerir receta médica, a excepción de algunos ansiolíticos. Actualmente es común observar sin duda la venta indiscriminada de antibióticos, que a pesar de ser necesario consultar previamente a un profesional de la salud encargado de prescribir el medicamento ideal, que en caso de ser antibiótico, requiere una receta médica tal como la reglamentación vigente dicta, es muy común observar la venta y el consumo de forma irresponsable sin que las autoridades encargadas actúen de manera oportuna.

Sin duda la mercadotecnia y la modernidad han promovido la mala costumbre de automedicarse. Hoy en día gran cantidad de medicamentos están al alcance de cualquier persona, en farmacias, en tiendas de autoservicio y, por muy extraño que parezca, en mercados ambulantes o en el transporte colectivo. Medicamentos cuya caducidad es desconocida, y su sello de garantía y forma farmacéutica dudosa.

Existe un problema no menos importante al cual nos enfrentamos los médicos en la actualidad y es precisamente el fácil acceso que tienen los pacientes a la búsqueda de información sobre algún padecimiento o algún tratamiento específico, recalcando especial importancia en Internet. La red como fuente de información no debe ser satanizada por la comunidad médica, dado el apoyo continuo que representa en nuestra formación y el fácil acceso a diversas publicaciones de diversas áreas. Sin embargo, existen diversos sitios en Internet que carecen de evidencia científica y estos sitios son precisamente  los más consultados o a los que más fácil acceso tienen los pacientes, y por lo tanto han favorecido la automedicación, así como la falla en la relación médico-paciente. Es ese momento en que el paciente duda de los conocimientos del médico, porque está “informado” de las innumerables enfermedades que pueden representar sus síntomas. Dado lo anterior, es importante comentar a los pacientes que no toda la información encontrada en Internet es verídica, y si bien el médico en la actualidad utiliza este medio para consultar, actualizar o ampliar sus conocimientos, siempre van respaldados de evidencia científica comprobable.

Es difícil entender y dar una explicación, de ¿por qué, si en la actualidad existen Seguro Popular, IMSS, ISSSTE y consultas médicas a bajo costo, en caso de no tener acceso a los servicios médicos anteriores, los pacientes continúan automedicándose? ¿Por qué lo hacen si saben que el papel que juega el médico es de suma importancia para brindarles información segura y asesoramiento acerca del padecimiento y medicamentos de sus familiares? Realmente  son preguntas que difícilmente podríamos responder, pero podríamos pensar que probablemente como comentamos en el artículo previo en el que hablábamos sobre “resistencia bacteriana”, los pacientes pueden sentir que “el precio que pagan por los medicamentos y consulta es un exceso” y prefieran optar por este tipo de conductas o simplemente “escuchen lo mismo de parte del médico” y “no valga la pena permanecer tantas horas para esperar la atención médica”, lo cierto es que la información acerca del padecimiento, que es realmente lo que enriquece al paciente, no está siendo dado y esto va a generar que las conductas se repitan una y otra vez, no solo con un miembro de la familia, sino con todos los miembros e incluso con los amigos, compañeros de trabajo y vecinos, hasta crear este círculo vicioso que termina por ser un problema que nos afecta como país.

Buriticá et al. (2006), Menéndez (1981) y López et al. (2009) coinciden en la explicación del fenómeno de la automedicación como una consecuencia de la falta de regulación en la comercialización de los medicamentos por parte de las autoridades pertinentes para evitar gastos clínicos, entendidos como gastos de consulta e inversión de tiempo personal. Además, describen la automedicación como una estrategia que beneficia a los sistemas de salud por mejorar la calidad, la accesibilidad y la cobertura del servicio clínico y por disminuir la alta demanda a causa de dolencias menores, que comúnmente representan un alto manejo de recursos económicos y de personal para las instituciones. También, se evidencia una relación entre la publicidad y el mercadeo de la industria farmacéutica en la prevalencia de este fenómeno, sin que medie necesariamente una genuina motivación de autocuidado.

Todos los medicamentos de venta libre son la base de esta automedicación, sin embargo las personas deberían estar informadas de las diferencias que existen entre un medicamento de venta libre con un medicamento de venta bajo receta. Quizás de esta manera podríamos disminuir la probabilidad de que los pacientes continúen haciéndolo.

Según la OMS, los medicamentos de venta libre tienen características de menor riesgo y deben ser:

  • Eficaces sobre los síntomas que motivan su empleo, que en general deben ser de naturaleza autolimitada.
  • Fiables: deben dar una respuesta consistente y suficientemente rápida, para que el paciente note sus efectos beneficiosos.
  • Seguros: deben emplearse en situaciones de buen pronóstico y cuya identificación no sea difícil para el profano.
  • De fácil y cómodo empleo, para que el usuario no requiera precauciones complejas o poco habituales.
  • De amplio margen terapéutico, para que los errores de dosificación no tengan repercusiones graves.
  • Prospecto: deben incluir uno con especificaciones de consulta al médico.

Las autoridades competentes de cada país deben garantizar la seguridad, calidad, eficacia de los medicamentos y son las encargadas de autorizar y monitorear la comercialización de estos.

 

Errores habituales de la automedicación

La facilidad del uso y de la libre disposición de los medicamentos de venta libre puede provocar errores en su aplicación y en el abordaje global de la enfermedad a la cual van dirigidos.

En nuestro país, el paciente se automedica no sólo con los medicamentos de venta libre sino también con aquellos que se venden bajo prescripción médica. Esta conducta induce al uso irracional de los medicamentos.

Los medicamentos que más se utilizan en la automedicación se listan a continuación:

Por supuesto, en primer lugar, están los analgésicos. Si bien los analgésicos son medicamentos que cumplen con los lineamientos de la OMS para ser vendidos sin receta, recordemos que en la actualidad los pacientes se presentan con diversas comorbilidades, hecho que nos debe poner a pensar como profesional de la salud qué es conveniente o no prescribir a cada paciente. Por obvias razones, el paciente confía fielmente en lo que la mercadotecnia le invita a comprar, a través de diferentes formas farmacéuticas, las cuales son en ocasiones bastante cómodas para su administración, sin embargo, dejan de lado las interacciones, las contraindicaciones y por supuesto los efectos adversos, entre ellos los más observados por uso y abuso de los mismos es sangrado de tubo digestivo alto, nefritis intersticial, e insuficiencia renal. Por lo anterior, la cronicidad en el uso indiscriminado por automedicación sugiere la necesidad de un diagnóstico certero para evitar el continuo abuso de los mismos, y en caso de ser prescritos, intentar en lo menor posible, disminuir los efectos adversos.

En segundo lugar, los antibióticos, los cuales está por demás decir que aunque por reglamento deberían ser vendidos con receta, existen diversos lugares en los que la venta indiscriminada de los mismos ha permitido altos índices de resistencia bacteriana, esto debido a la suspensión del medicamento prescrito cuando apenas comienzan a desaparecer algunos síntomas o incumplir con la posología. En este punto debemos recordar que el paciente tiende a guardar el resto de medicamento y reutilizarlo sin previa cita médica.

En tercer lugar se encuentran los antihistamínicos. Por ejemplo, el uso prolongado o excesivo de descongestionantes nasales (vasoconstrictores) puede causar rinitis vasomotora (congestión de rebote) que, a su vez, puede producir inflamación crónica de la mucosa y obstrucción de las vías nasales.

Estamos seguros de que como profesionales de la salud tenemos la obligación de transmitir y enseñar conductas que alejen a nuestros pacientes de los errores derivados de un uso erróneo de cada fármaco, explicarles la importancia de acudir con un profesional de la salud, así como advertir sobre los efectos adversos de los medicamentos que van a utilizar, mostrándoles la importancia de visualizar las conductas de automedicación como dañinas y erróneas, hacer énfasis en el autocuidado, fomentando en ellos la discriminación de información real o carente de veracidad disponible en todos los medios de comunicación.

Así mismo, sugerimos que debería existir un estricto control en cuanto a la posesión de medicamentos, proteger la seguridad del consumidor a la presencia de los efectos adversos, intentar por demás erradicar esta terrible costumbre que en ocasiones puede causar la muerte. Los medicamentos de libre acceso no están libres de efectos adversos, como contraindicaciones e interacciones con algunos otros fármacos.En ocasiones es necesario realizar algunos ajustes de acuerdo a las comorbilidades de cada paciente, por lo que está exclusivamente en manos de un facultativo, con el conocimiento de farmacología y fisiología, entender y atender a cada paciente, premisa responsable y fundamental que debería tener cualquier industria farmacéutica y medio de comunicación en México.

Por último, podemos concluir que la automedicación pone en grave peligro la salud de las personas, que lejos evitar el costo de la consulta médica a largo plazo en la mayoría de las ocasiones las personas ponen en riesgo su vida y la vida de las personas en quien fomentaron dicha práctica, porque en ningún momento se conocerá si estos pacientes presentaron efectos adversos, interacciones farmacológicas o quizá se encontraban contraindicados en cada caso, dado que no existe un seguimiento médico y la desinformación se sigue transmitiendo generación tras generación.

Por ello, reiteramos que como médicos o personal de la salud, debemos estar suficientemente preparados y contar con los cimientos necesarios para ser capaces de educar a los pacientes sobre temas de salud, haciendo énfasis en el historial clínico, en cuestionar cada consulta sobre el consumo de algún medicamento sin previa revisión médica, sea cual sea, para que al correlacionar con las comorbilidades particulares poder explicar de forma clara y precisa los riesgos que existen, además de fomentar la erradicación de la automedicación en medida de lo posible, con la colaboración de las autoridades correspondientes.

AUTORES:

Dra. Estefanía Alvarez Hernández y Dr. Diego Jovani Ledesma Hernández, docentes en Saint Luke, Escuela de Medicina.


FUENTES:

Buriticá, O., Giraldo, A., Franco, D., Cañas, A. y Giraldo, J. (2006). Automedicación en estudiantes de la Universidad de Caldas. Biosalud, 2, 1-14.

Díaz-Caycedo, N., Payán-Madriñán, M. A., & Pérez-Acosta, A. (2014). Aproximación psicológica al comportamiento de automedicación. Revista Costarricense de Psicología, 17-29.

González de Cossio, M. (2008) Salud pública Mex. 50: S453-62.

Hernández Martínez, E., M.L. Cárdenas Castillo, R. Laguna Legorreta, E. Ochoa Chávez, L. Elguezabal Rodríguez, F.J. Vázquez Santana et al. (2009) Salud pública Mex. 51: 178-9.

Kregar, G. y Filinger, E. (2005). ¿Qué se entiende por automedicación? Acta Farmacéutica Bonaerense, 24(1), 130- 133.

López, J. J., Dennis, R. y Moscoso, S. M. (2009). Estudio sobre la automedicación en una localidad de Bogotá. Revista Salud Publica, 11(3), 432-442.

Menéndez, E. (ene, 1981). La automedicación y los medios de comunicación masiva. Cuadernos Médico Sociales, 15, 1-9.


Comentarios

Gracias por la información, me es de mucha utilidad. Me gustaría recibir información respecto a los efectos que causan las drogas en el cuerpo humano. Ya que me dedico a tratar a personas con problemas de adicciones en un grupo de AA.

Hola Rafasan, qué bueno que te gustó el artículo. Gracias por tus comentarios y sugerencias, las vamos a considerar para próximas entregas.


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