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Saint Luke, Escuela de Medicina

Cerebro, retina y cine

Cerebro, retina y cine

Sentarnos frente a la pantalla a ver una película es algo que la mayoría de las personas hemos hecho. En el cine, las escenas y movimientos de los actores fluyen con naturalidad; incluso en las películas de ciencia ficción, lo mostrado en la pantalla es en apariencia igual a lo que percibimos en la vida diaria.

Sin embargo, no siempre fue así. En retrospectiva, de acuerdo con el cine actual, la reproducción del movimiento no era realista. Algo en el flujo de las imágenes, en el movimiento intermitente, alejaba a la pantalla de lo que intentaba reproducir. Esto tenía una razón tanto técnica como óptica para suceder.

Antes de la exhibición de la primera película, hubo múltiples experimentos e investigaciones. Una de las primeras y quizá de las más significativas fue la de Joseph-Antoine Ferdinand Plateau en 1824. Plateau estudió las imágenes en movimiento y la fisiología óptica, específicamente trabajó con algo denominado post-imágenes.

Plateau determinó que una imagen, tras dejar de verla, permanece en la retina durante una décima de segundo. De esta manera, el ojo tendría la capacidad de procesar únicamente diez imágenes por segundo, de lo contrario comenzaría a percibir un barrido con cierto grado de movimiento, y nombró este fenómeno como persistencia retiniana.

A la par de Plateau, John Ayrton también estudió el concepto de la persistencia retiniana. Para demostrarlo creó el Taumátropo: un disco con distintas imágenes en cada cara, el cual al girarlo, y por efecto de la velocidad, logra fusionarlas en una sola.

Dos años después, Nicéphore Niepce obtuvo la primera fotografía fija capturando la vista desde su ventana en una placa de peltre. Niepce atrapó la realidad en un instante, pero eso parecía no ser suficiente. El espíritu de la época era presa de un afán por retener y reproducir la realidad. El siguiente paso fue intentar reproducirla tal como la percibimos: móvil, bulliciosa, constante.

En 1829, con el antecedente del Taumátropo, Plateau creó el Fenaquistiscopio. Este dispositivo consiste en colocar varias ilustraciones a lo largo de una placa circular giratoria; con ello fabricó la ilusión de movimiento. Fue a partir de ese invento cuando Plateau llegó a la conclusión de que se necesitan 16 imágenes por segundo para obtener la ilusión de movimiento continuo.

Las primeras películas retomaron este descubrimiento y utilizaron 16 imágenes; si bien la sensación de movimiento se lograba, no era del todo realista. Las siguientes películas se aventuraron a proyectar hasta 18 fotogramas por segundo, obteniendo un mejor resultado.

La aplicación de los descubrimientos de Plateau fue efectiva: lo visto en la pantalla se emparentó cada vez más con lo visto en la realidad. Por ello la persistencia retiniana durante décadas fue el fundamento de los estudios de imágenes en movimiento y a partir de ella se avanzó en las técnicas de filmación. Actualmente, el número de fotogramas por segundo es de 24 o 32, gracias a ello son posibles las secuencias de acción.

Fue hasta 1921 que Max Wertheimer rebatió la teoría. En su ensayo “Estudios experimentales sobre la visión del movimiento” consideró incompleta la explicación que colocaba a la retina como única responsable del cambio entre imágenes fijas e imágenes en movimiento. Rechazó los experimentos previos y defendió la importancia de la percepción, la cual sólo puede darse a partir de la decodificación de impulsos en el cerebro. Su conclusión fue "No es suficiente basarse en procesos periféricos puros en relación con un solo ojo: debemos recurrir a procesos que se encuentran detrás de la retina".

Más adelante, otros científicos cuestionaron los experimentos de Wertheimer hasta rechazarlos por ser insuficientes. Pero su aportación relevante fue buscar la causa del movimiento no sólo en el ojo o en la retina. Wertheimer detectó un desarrollo más profundo culminado en el cerebro.

Poco a poco, las investigaciones al respecto se volvieron un asunto de interés público, en el que científicos y artistas trabajaron a la par. Por ejemplo, Frederick A. Talbot afirmó en “Imágenes en movimiento: cómo son realizadas y trabajadas” que el ojo en sí era una cámara en la cual permanecía la imagen aun después de haberse desvanecido.

Algunos científicos de esa época vieron esta comparación como un retroceso, pues se fundamentaba en la persistencia retiniana, ya cuestionada por la ciencia; pero la analogía fue tan efectiva que aún a la fecha aparece como verdadera en algunos libros sobre la historia del cine. De hecho, las versiones permanecen divididas entre quienes consideran que el cine es posibilitado por un proceso en la retina, y quienes aseguran la participación tanto de la retina como del cerebro en un proceso complejo.

Investigaciones recientes argumentan que nuestra percepción del movimiento podría deberse a un error en el cerebro al momento de decodificar las imágenes. Al menos así lo indican las ilusiones ópticas, las cuales implican una forma de movimiento, pues son posibles gracias a un procesamiento demasiado rápido por parte del cerebro; así lo aseguró la Dra. Rocío Salceda Sacanelles, del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en su charla titulada Los ojos: Las ventanas del cerebro; llevada a cabo en marzo del presente año. La Dra. Salceda aseguró “uno no ve con los ojos, sino con la retina y el cerebro".

El cine es un claro ejemplo de cómo los estudios sobre el cuerpo humano y el arte pueden emparentarse, pues la posibilidad de grabar surgió de una motivación científica y no artística. Sin embargo, las aplicación de la ciencia le ha regalado a la humanidad uno de sus grandes placeres. Mientras tanto, siguen desarrollándose los estudios sobre el movimiento y nuestra percepción, pues aún se desconoce cómo se efectúa este proceso en su totalidad.


Fuentes:

Anderson J, y Anderson B, et-al. “The myth of persistence of vision revisited”. Journal of Film and Video. Vol. 45, no.1, 1993. Pp. 3-12.

Cousins, Mark. Historia Del Cine. 1er ed., Barcelona, Blume, 2005.

González Hernández M, y González de la Rosa M, et-al. "Perimetría de movimiento". Sociedadcanariadeoftalmologia.com, 2017, http://sociedadcanariadeoftalmologia.com/wp-content/revista/revista-10/sco20.htm.

Sadoul G, y Pérez Turrent T, et-al. Historia Del Cine Mundial. 1er ed., México, D.F., Siglo XXI, 1989.


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